Languedoc-Rosellón

  • Carcasona

    Carcasona

    © P.Palau

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  • Arenas de Nîmes

    Arenas de Nîmes

    © B.Liegeois

  • Puente del Gard

    Puente del Gard

    © B.Liegeois

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Languedoc-Rosellón 11000 Carcassonne fr

En el amplio territorio del arco mediterráneo, Languedoc-Rosellón ofrece un sur intimista, alegre y hospitalario. La región, situada a tres horas París con el TGV (tren de alta velocidad), conectada con el aeropuerto internacional de Montpellier y fácil de acceso gracias al viaducto de Millau, presenta un abanico infinito de territorios, tradiciones y talentos.

 

Un abanico infinito de territorios, tradiciones y talentos

Las localidades del litoral de Languedoc, que ofrece 220 km de playas de arena fina, invitan a descansar y a bañarse en el mar. Los contrafuertes de Cévennes se pueden explorar a pie, a lomos de burro o en tren de vapor. El territorio esquiable de Pirineos Orientales y de Aude cuenta con alrededor de 200 km de pistas. Desciende en kayak las gargantas del Tarn o pasea en bicicleta a orilla del Canal de Midi y párate a admirar las Esclusas de Fonserannes.
Los edificios, herencia de la Antigüedad romana, jalonan el trazado de la Vía Domitia, desde el Puente de Gard hasta el Anfiteatro de Nîmes, pasando por el yacimiento arqueológico de Ensérune. El poder y la religión han dejado sus huellas: la Cartuja de Villeneuve-lès-Avignon, el Palacio de los reyes de Mallorca, la Ciudadela de Carcasona y el Palacio de los obispos de Narbona. La trágica epopeya de los Cátaros sigue impregnando el Castillo de Peyrepertuse o el de Puilaurens. Desde el Observatorio del Monte Aigoual podrás admirar la majestuosidad de los paisajes del Languedoc-Rosellón. La Ciudadela de Mont-Louis edificada por Vauban protegió una frontera sobre la que también ha velado la Fortaleza de Salses. Ímpregnate de la serenidad que emana del Monasterio de Gellone. En Montpellier, las construcciones modernas del barrio Antigone y de Odysséum conviven con el patrimonio clásico.

 

Especialidades culinarias del Languedoc

Para los gastrónomos, Languedoc-Rosellón ofrece un sin fín de mariscos, almejas y mejillones de Bouzigues. A la hora del queso, el pélardon, el azul de causses y la tome son los invitados especiales a la mesa. Los pequeños patés de Pézenas, la tielle de Sète, la picholine, el cassoulet de Castelnaudary y las rousquilles catalanas completan este cuadro gastronómico, en el que la Camarga también pone su granito (de sal y de arroz). Fitou, el vino de Corbières, muscat de Lunel y el vino de Côtes del Rosellón acompañan perfectamente estos platos. Encontrarás todas estas especialidades en los mercados llenos de colores del Languedoc dónde encontrarás productos de calidad.

 

El sentido de la fiesta de los habitantes del Languedoc

La Feria de Pentecostés y la de las vendimias en Nîmes o la Feria de Alès revelan el sentido de la fiesta de los habitantes de Languedoc. El Festival de Carcasona, el Festival de Nîmes y las Noches Musicales de Uzès dan ritmo al verano. Los encuentros ecuestres mediterráneos y el Campeonato de Rosellón de Petanca defienden los colores del deporte y la Primavera de los Cómicos o el Festival Internacional de la Novela Negra los del arte y la cultura.
 
Bambouseraie de Prafrance, reserva africana de Sigean, parque zoológico de Montpellier, Aven Armand, parque de los lobos del Gévaudan: en la región abundan las ideas para realizar salidas en familia.
Mar y montaña, grandes ciudades dinámicas y mesetas calcáreas desérticas, historia milenaria y arquitectura futurista: Languedoc-Rosellón es una región de contrastes y de sensaciones. En las tierras del interior se expresa toda la excepción francesa, la de la viticultura y la gastronomía inspirada por las tradiciones del sur.

 

Pirineos Orientales

Con una insolación excepcional a lo largo de todo el año, los Pirineos
Orientales, situados al norte de Cataluña, ofrecen a los amantes del
patrimonio natural y construido infinidad de atractivos: el litoral
mediterráneo, jalonado de extensas playas de arena fina ideales para
relajarse; la costa Bermeja, cuyo encanto pintoresco sirvió de
inspiración a muchos artistas; la meseta elevada de Cerdaña, con sus
paisajes luminosos; los relieves pirenaicos, entre los que destaca el
famosísimo pico del Canigó; las villas fortificadas y los hermosos
pueblos, cuyos tesoros arquitectónicos hacen las delicias de los
aficionados a los monumentos antiguos... ¡Una gran diversidad
paisajística que permite, alternando los placeres, disfrutar de la
montaña y del mar!

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