Saint-Emilion

  • Vista de Saint-Emilion

    Vista de Saint-Emilion

    © Mélanie Belin

  • Viñedos de Saint-Emilion

    Viñedos de Saint-Emilion

    © Mélanie Belin

  • En el Pueblo de Saint-Emilion

    En el Pueblo de Saint-Emilion

    © Mélanie Belin

Saint-Emilion Saint-Emilion fr

Saint-Emilion es un nombre que todos los aficionados del buen vino reconocerán. Tal vez su fama venga de su larga historia: se dice que los Romanos introdujeron las primeras vids en el siglo 2 después de Christo. A lo mejor su excelente vino nace de la tierra y los minerales que contiene. O bien, el vino de Saint-Emilion destaca por la dedicación y el amor que cada productor pone en cada botella. Sea cual sea la razón, el viñedo es tan espectacular que en 1999 el paisaje vinícola fue clasificado como Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La Oficina de Turismo de Saint Emilion propone varios circuitos temáticos para que los visitantes puedan descubrir algunos "Chateaux" (no son castillos sino propiedades productoras de vino), catar vinos y recorrer los viñedos en coche o en bicicleta. Otra opción es el servicio de guía y chofer de Bordovino. Tienen salidas desde la ciudad de Burdeos y combinan visitas de viñedos, pueblos y catas. Y lo mejor: ¡tienen guías en español!

Sin embargo, Saint-Emilion no solo es vino, también es un pueblo medieval que merece una parada. La historia cuenta que un ermitaño, Emilion, en su camino a Santiago de Compostella, se paró ahí y fundó Ascumbas (antiguo nombre del pueblo). Sus milagros y su generosidad llevaron Asumbas a la fama y cuando murió el monje en 767, sus fieles decidieron cambiar el nombre del pueblo por Saint-Emilion. De esta época, se conserva un conjunto troglodítico. La iglesia monolítica domina el pueblo con su campanario, pero lo interesante se encuentra en los subterraneos excavados para construir la iglesia. Hoy en día, la construcción sufre problemas estructurales y solo se puede visitar con visitas guiadas organizadas por la Oficina de Turismo. Además de la iglesia, se pueden observar el claustro, las murallas y los "lavoirs" o lavaderos públicos donde las muejeres del pueblo venían a lavar la ropa.

Paseando por las pequeñas callejuelas empedradas, se pueden observar tiendas de vino en cada esquina. Pero también se encuentra tiendas de dulces ya que la especialidad de Saint-Emilion, además del vino, son los macarrones. No son los pastelitos de colores rellenos de crema. Son como galletas que unas monjas inventaron en 1620.

Caminar, degustar especialidades, admirar los techos del pueblo y los viñedos son de los pequeños placeres que ofrece Saint-Emilion, a 35 km de Burdeos.

 

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