¡Sorpresa! Te enseñamos el recién renovado hotel Crillon…

  • Tristan Auer, diseñador, en la barbería y el salón limpiabotas

    Tristan Auer, diseñador, en la barbería y el salón limpiabotas

  • Marc Raffray, director general, en el salón de las Batallas

    Marc Raffray, director general, en el salón de las Batallas

  • Christopher Hache, jefe ejecutivo de Cocina, en el restaurante L’Écrin

    Christopher Hache, jefe ejecutivo de Cocina, en el restaurante L’Écrin

  • Richard Martinet, arquitecto, en el salón Marie-Antoinette

    Richard Martinet, arquitecto, en el salón Marie-Antoinette

  • Estelle Lamotte, directora de Restauración, en el bar Les Ambassadeurs

    Estelle Lamotte, directora de Restauración, en el bar Les Ambassadeurs

¡Sorpresa! Te enseñamos el recién renovado hotel Crillon… Paris fr

En el número 10 de la plaza de la Concordia, un mito parisino prepara su regreso por todo lo alto. El hotel de Crillon abre por fin sus puertas tras 4 años de trabajos. Nos hemos colado en su interior unos días antes de su reapertura para conocer algunos de los protagonistas de este renacimiento.

Por un lado, colocación de la barandilla labrada de una escalera; por otro, degustación de cócteles para encontrar las recetas más idóneas. En todas partes, se cuentan los días y las horas para la gran reapertura del nuevo Crillon.

El director, Marc Raffray, nos recibe en el Salón de las Batallas para describirnos el palacio del siglo XXI.
«¡Hay que desempolvar el palacio! Aquí nos orientamos más hacia el concepto de residencia que de hotel. Vamos a conseguir que cada huésped se sienta un poco parisino durante su estancia, para que forme parte de la ciudad. Esa es la función de los conserjes, de ahí que nos hayamos preocupado por algunos detalles, como el vestuario, que no es un uniforme para que todos mis empleados se sientan bien y puedan encarnar el más puro estilo francés».

El chef, Christopher Hache, nos presenta su nuevo restaurante, L’Écrin, además de contarnos qué ha estado haciendo estos últimos 4 años…
«Aproveché el cierre del Crillon para viajar. Nuestros clientes viajan muchísimo y siempre es bueno saber qué sensaciones experimentan por el mundo. Me recibieron en las cocinas de los mejores restaurantes del planeta: Nueva York, Chile, Perú, Singapur, Japón… A mi vuelta, he tenido la oportunidad de crear el restaurante que quería y aportar un toque de creación en todas partes, no solo en los platos. Mi deseo no era otro que tener un restaurante pequeñito, para mimar a mis 24 comensales y ofrecerles una verdadera experiencia cada noche».

Quedamos con Estelle Lamotte, directora de Restauración, en el espacio reinventado del antiguo restaurante. Transformado en un fabuloso bar, el lugar no reniega de su nombre: Les Ambassadeurs (los embajadores).
«Justo antes de la apertura, pasamos de la teoría a la práctica, para que el baile de cada servicio sea más fluido y natural. Mi objetivo es que cada empleado pueda interactuar con la clientela de manera entusiasta, sincera y espontánea, porque el lujo, en la actualidad, es el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos y el tiempo que nos dedican. La conversación que se establece durante el servicio es primordial».

Tristan Auer, diseñador, nos enseña unos nuevos espacios muy masculinos: la barbería, el salón limpiabotas y la sala de fumadores.
«Todo se juega en la ubicación milimetrada de los asientos con una luz muy controlada. Al ritmo que vamos creando durante el recorrido del cliente, intentamos que se sienta el centro de todas las atenciones. Poco importa el estilo. En el fondo, podríamos haber hecho algo neopunk, ¡también habría funcionado! La gente no va a volver al Crillon porque es bonito, sino porque se siente muy a gusto aquí».

Por último, coincidimos con el arquitecto Richard Martinet en la primera planta, en el Salón Marie-Antoinette, donde nos cuenta la aventura de estos cuatro últimos años.


 «Tuvimos muchos músicos: 5 interioristas, 147 empresas del sector de las artes, hasta 800 personas trabajando en la reforma al mismo tiempo… Nuestra labor consistía en orquestar todo esto para que solo sonara una única música. Esa es la música del Crillon: un hotel muy lujoso, pero sin ostentación. Casi íntimo. Lo único que cambia es la escala, porque en su origen era una residencia privada».

Para descubrir el resto de la historia, habrá que acudir a partir del 5 de julio al número 10 de la plaza de la Concordia…

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