Anís de Flavigny-sur-Orzerain

Anís de Flavigny-sur-Orzerain

En la región de Borgoña, se encuentra Flavigny-sur-Orzerain una comuna francesa llena de encanto cuyos paisajes recuerdes gracias a la película Chocolat del año 2000 ya que gran parte de esta película se filmo en esta comuna. 


Pero lo que verdaderamente hace de este lugar tan especial es por ser la cuna de las pastillas de anís Flavigny. Abierto desde el año 1923, la Fábrica de Anís ahora abre su museo. Al llegar,  el irresistible perfume te guiarán hasta la antigua abadía benedictina, con tanta belleza es difícil decidirse hacia dónde mirar; entre los paquetes de dulces, la imponente abadía y los equipos de la fábrica. Una agradable mujer te recibirá y te mostrará lo mejor de este lugar.


La fábrica de Anís


Es difícil no poner atención en el ruido de los dulces que dan vueltas en los contenedores de cobre los cuales se llenan delicadamente de jarabe y de aceites esenciales en este taller. Tu olfato estará tratando de descubrir cuáles son esos exquisitos olores que circulan en el ambiente… ¿rosas? ¿Flor de naranja? ¿Mandarina? Todos los sentidos están invitados a este lugar. 
Después de pasar a través de la puerta de vidrio la guía te llevará a la próxima etapa, en la transición vivirás sin lugar a dudas de un momento de intercambio entre el guía que lleva trabajando en este lugar desde hace muchos años o algún joven del pueblo que conoce la fabrica perfectamente. 
Al pasar a la cripta carolingia, viajaras al pasado gracias a los cantos de monjes que te harán recordar que en este lugar durante 1000 años se realizan oraciones perpetuas. Descubrir la Capilla de San Reine o la Capilla de Notre Dame permite entender la historia de la abadía tal y como comenzó en 719 bajo el reinado de Pepin le Bref, un vestigio de la antigua iglesia y un verdadero testimonio de la época medieval y del arte galo-romano y gótico.


La boutique de Anís 


Pero lo más importante está por llegar… ¡la degustación de Anís! en ¿dónde? en la pequeña boutique en la que todos se toman su tiempo de sentir, probar y de descubrir todos los aromas naturales del dulce, ya que el anís de Flavigny está también hecho con violeta, menta, flor de naranja, limón, casis, jengibre, regaliz, mandarina rosa para satisfacer cualquier gusto. 
Estas delicias se exportan a más de 35 países y los residentes han notado que cada uno tiene sus preferencias, por ejemplo los asiáticos prefieren el sabor a rosas, los americanos el sabor violeta y tanto a los franceses como a los latinos prefieren el ¡anís al 100%!

El museo del anís


Desde hace cientos de años en la abadía están conservados cuidadosamente contendedores antiguos, anuncios, cuencas, columpios…todo forma parte del museo abierto por Catherine Troubat en dos hermosas piezas de la abadía. Te llamarán la atención las hermosas ilustraciones que datan del año 1828, todas cuentan la historia de amor entre el pastor y su pastora, ese amor intemporal que supera el tiempo así como los contenedores con sus variaciones sutiles y delicadas que las hacen únicas. 
Todo lo anterior parte de la  historia del pastor que abre su corazón ofreciéndole Anís de Flavigny a su pastora poniendo al dulce como una presentación de amor para un tímido pastor…tan tímido que no encuentra otra forma de expresarle su amor. En este museo aprenderás el camino del azúcar y del grano de anís hasta llegar a Flavigny y como se fabricaban las primeras pastillas que se ofrecían a los huéspedes de paso en la época bajo el reinado de Henri IV. Ya  hablando de la realeza,  los príncipes de Condé, el caballero de Eon, la marquesa de Sevigne, Blanca de castilla, todos ellos apreciaban estos dulces y la mejor anécdota real es la de Luis XIV,  quien tenía siempre una cajita de anís ¡en su bolsillo!


El café de Anís


Ya que los dulces de anís de Flavigny son tan apreciados en todo el mundo desde hace ya 400 años, después de tanta historia, olores y sabores es tiempo de una buena limonada en el corazón de la fábrica. Acomódate en una silla del café  al rededor de una de las bellas mesas. Ahí  veras pasar a los residentes con cajas, carritos, preparando paquetes, recibiendo el azúcar, recibiendo a sus clientes extranjeros…después de todo si tantos años han pasado y este dulce sigue siendo tan amado y consentido por tantas generaciones, ¡ algo bueno pasó y seguirá pasando ! 
Ya listo con tu bolsa verde llena de anís, es momento de partir de la fábrica pero el recorrido no termina ahí…la encantadora ciudad medieval de Flavigny te espera y como nota está considerada como uno de los pueblos más bellos de Francia, por lo que vale la pena ver su iglesia del siglo XI (no puedes perderte su tribuna, el « ángel sonriente ») sus casas y la torre de vigilancia.
Y como en Borgoña la gastronomía es simplemente excepcional este es el gran momento de sentarte en las grandes mesas para poder degustar un delicioso pollo « Gaston Gérard » y por qué no de una deliciosa tarta de frutas para cerrar con broche de oro el recorrido. 


Para consultar los horarios visita:
www.anisdeflavigny.com