Ceret: refugio de artistas

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Ceret: refugio de artistas Céret fr

Por Liane Alves

Cuando Picasso llegó a Ceret en 1911, ya estaba cosechando el fruto de su obra. Atrás habían quedado las épocas de hambre y frío en su estudio de Monmartre en París, cuando se veía obligado a quemar sus dibujos para mantenerse abrigado. Se vino a vivir al pueblo lleno de proyectos y con una energía renovada, invitado por su amigo catalán el pintor y escultor Manolo Hugué. Al poco tiempo llegaron los pintores Henri Matisse, Georges Braque y Juan Gris. Así fue como allí se formó una pequeña comunidad de jóvenes artistas de la avant-garde. Las artes variaban de la pintura a la escultura y de la poesía a la música y pronto Ceret se convirtió en la “meca de los cubistas”.  Fue allí que aparecieron los primeros collages como forma de expresión artística. Después de la primera guerra mundial, en 1919 llegó a Ceret directamente desde Montparnasse en París, la segunda ola de artistas que incluía a Chaim Soutine, Raoul Dufy y el poeta Jean Cocteau. Durante la segunda guerra mundial, huyendo del nazismo, una tercera oleada se estableció en el pueblo, con la llegada de Marc Chagall, Jean Dubuffet y Tristan Tzara.

En este pequeño pueblo de 7.500 habitantes ubicado en el suroeste de Francia, en la región de los Pirineos Orientales, este rico pasado cultural se celebra en el Museo de Arte Moderno. El museo fue creado en 1950 con el apoyo de los pintores Pierre Brune y Frank Burty Haviland (heredero de la fábrica de porcelana Limoges) y con la ayuda del ayuntamiento local; en él se exhiben obras donadas por Picasso y Matisse entre otros artistas que vivieron allí. En todo Ceret se respira arte y cultura. Es tradicional que haya buenas exposiciones de artes visuales en la vieja iglesia La Capelleta, en la Salle Manolo al lado de la Oficina de Turismo, y en las galerías de arte.

MIMOSAS Y CEREZAS

La misma luz dorada y el clima templado que tanto atrajo a los pintores hicieron que el lugar fuera favorable para cultivar mimosas cuyo aroma invade la ciudad por completo, cuando florecen y cubren las colinas de flores amarillas y blancas. Ceret también es famosa por los cerezos diseminados en las verdes praderas. Dada su ubicación geográfica, el clima y el suelo, allí maduran las primeras cerezas de Francia, los primeros frutos que en el pasado se ofrecían siempre a los reyes. En la actualidad, el Festival de la Cereza de Ceret tiene lugar a fines del mes de Mayo. A nivel local existe todo un legado gastronómico basado en esta fruta, que se utiliza en tartas, mermeladas, jaleas, en un delicioso brandy e incluso en cervezas y licores. Además de estas especialidades, los restaurantes y cafés del pueblo ofrecen varios tipos de jamones, salchichas y fiambres, que pueden disfrutarse junto a los fantásticos vinos de la región. Otra buena opción gastronómica es la feria callejera de los sábados por la mañana y la de los martes a la noche durante el verano.

En junio, la atención se centra en los shows de flamenco o de habaneras, música tradicional del lugar. Las corridas de toros son también parte de la cultura de la ciudad y hay un calendario con las fechas de las presentaciones especiales. Ceret continúa fascinando a todos aquellos que la visitan por su fuerza, su belleza y su magia.

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