El museo del momento

  • © Sanaa/ Kazuyo Sejima and Ryue Nishizawa

    © Sanaa/ Kazuyo Sejima and Ryue Nishizawa

El museo del momento 62300 Lens fr

Por Bree Sposato

Una joven con el pecho descubierto y el brazo en alto portando la bandera francesa encabeza una multitud que empuñando armas, marcha sobre los cuerpos caídos hacia una victoria revolucionaria y sangrienta. Esta conocida escena de Eugène Delacroix – La Liberté guidant le peuple (La libertad guiando al pueblo) – ha engalanado las paredes del Louvre durante décadas.

Cuando el Louvre-Lens abra sus puertas el 4 de Diciembre en la ciudad de Lens, a sólo una hora y diez minutos de distancia al norte de París en el TGV (Tren de alta velocidad), esta pintura del período romántico permanecerá durante un tiempo dentro de un contexto y ante un público completamente diferente. Y ésta, no será la única obra que lo haga. La innovadora sucursal alojará 300 obras de arte de ese tenor, que van desde el siglo 4 A.C. hasta el año 1850, todas en calidad de préstamo (por parte del Louvre) de París.

Ciertamente este anexo de $226 millones no es el primer bastión de arte ubicado fuera de la capital; durante siglos los museos nacionales han cedido piezas en préstamo y han provisto asistencia técnica a los museos regionales. Pero este debut representa un esfuerzo más sistematizado y veloz para utilizar el arte como recurso de inversión en el interior del país, con el objetivo de transformar ciudades y regiones de bajo perfil en destinos económicamente redituables, al estilo de lo que sucedió con el Guggenheim Bilbao, de Frank Gehry, en una ciudad sumamente industrial de España, y lo que hizo el Centre Pompidou por la ciudad de Metz en la región de Lorraine.

Elegir un segundo hogar para el Louvre fue un acto de amor. Hubo tres motivos por los cuales Lens se destacó: no existía ningún otro museo insigne en los alrededores; ésta es una ciudad sustentada en la minería de carbón, muy maltrecha por la primera guerra mundial, y ha sufrido económicamente desde los años 70 con las crisis del petróleo; la zona abarcaba 20 hectáreas de depósitos abandonados pertenecientes a la mina, que era necesario resignificar. 

La firma de arquitectos japonesa SANAA, ganadora del premio Pritzker, el más preciado de la industria, por su aparente sencillez estética (evidente también en el New Museum de la ciudad de New York y en el Museo de Arte de Toledo),  fue la encomendada para concebir esta contraparte del Louvre en el interior del país. Xavier Dectot, el Director del Louvre-Lens, supo desde el comienzo que ésta era la combinación perfecta: “SANAA propuso un museo, pero además un museo que reflejaba sus alrededores y jugaba con la línea baja de la arquitectura minera – y no meramente un parque arquitectónico”. En la actualidad hay un edificio principal, con reminiscencias del Louvre por sus dos extensas alas, más cuatro edificios rectangulares – los cinco construidos en vidrio y aluminio – que están majestuosamente situados entre hermosos bosques y jardines. La antigua entrada al túnel de la mina todavia existe, como saludo al pasado industrial de la ciudad.

Particularmente hay un elemento que sugiere que las grietas existentes entre ambos complejos no son sólo de tipo físico, sino que también filosófico. “Un museo es un lugar habitable”, reflexiona Dectot, “y nosotros queremos mostrar lo que hay detrás de bastidores”. Mediante reservas anticipadas, las salas de restauración del nuevo museo podrán ser visitadas en grupos de 17 personas quienes serán conducidas por el subsuelo pudiendo observar los depósitos y ver de cerca, por ejemplo, la cuidadosa restauración de una escultura griega recobrando su glorioso pasado.

Glorioso no es un adjetivo lo suficientemente enfático como para referirse al programa de arte. La mayoría de los museos se dividen en períodos (Egipcio, Renacentista y de allí hacia adelante), y es aquí donde la idea se vuelve más innovadora aún: No habrá un acervo permanente. Dectot dice que: “Estamos acostumbrados a que los museos de Bellas Artes nos ofrezcan estabilidad. Así que resulta más interesante cambiar el diálogo”. El museo va a tener dos exhibiciones interdisciplinarias al año (una durante el verano y otra en invierno), las cuales mostrarán piezas seleccionadas entre los ocho departamentos del Louvre: Antigüedades del Cercano Oriente; Antigüedades Egipcias; Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas; Arte Islámico; Arte Decorativo; Grabados y Dibujo; Esculturas; y Pinturas. Las exposiciones en la galería mayor, Galerie du temps, o Galeria del tiempo – nombre por demás apropiado, serán supervisadas por los curadores del Louvre y estarán generalmente organizadas por orden cronológico, de modo que ahora habrá obras que se exhiban juntas, algo que jamás se hubiera hecho en el Louvre de París. De este modo, obras de arte procedentes de diferentes civilizaciones podrán entablar diálogos entre sí, construyendo una especie de línea de tiempo en la historia del arte. 

Se trata de cambiar el contexto del arte, cambiar la forma de interactuar entre el público y las obras, y cambiar la cultura y la percepción de la provincia. “Mi esperanza es que el Louvre-Lens sea el chispazo que convierta la zona en un destino final”, reflexiona Dectot, “y que la metamorfosis, de aquí a cinco o diez años, adquiera su propio ímpetu”.  Esto sí se llama arte en acción.

 

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