Las ciudades y la gastronomía

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Las ciudades y la gastronomía

Si el suelo es la expresión primera de las regiones francesas, éste se encuentra en toda su diversidad a través del mosaico cultural de las ciudades.

 

De norte a sur y de este a oeste, los chefs ponen al descubierto todo su savoir-faire para ofrecer una cocina tradicional o, al contrario, infinitamente variada y novedosa, pero siempre realzada por sus productos locales de calidad impecable.

 

Los vinos en las copas burbujean los colores brillantes de las regiones:


-el rojo intenso de Burdeos – Saint Emilion


-  las aromas frutales del Beaujolais – Villefranche-sur-Saône, Macon


- el poder de Borgoña – Beaune


-Dijon el brillo de la champagne – Reims, Epernay;


- o aún los encantos más discretos de un Cahors

 

Detente camino hacía el centro de un reconocido viñedo o a la casa de un enólogo no tan conocido, un momento de calidez y amistad garantizado.

 

Las grandes mesas, inevitables


Son estrafalarias, conocidas y reconocidas, pero sólo queda eso de los lugares de excepción.  Con estrellas Michelin, en número de 26***, 65** y 436*, representan un mundo aparte donde la excelencia es la rutina.

 

La ciudad alberga la mayor parte de éstos y vela con mucho cuidado para conservarlos: la ganancia de una estrella es un éxito rotundo, mientras que su pérdida es una ¡catástrofe!

 

Esos santuarios de la alta cocina se encuentran en toda Francia:


- en Paris (Grand Véfour, Meurice, Ambroisie, Arpège, Alain Ducasse en el Plaza Athénée, Ledoyen, Pierre Gagnaire, Pré Catalan, Guy Savoy…),
- en la región de Estrasburgo
- en el suroeste (zona de Burdeos y Toulouse)
- Lyon y su región
- Marsella y la Costa Azul no son una excepción

 

Ponga atención, pues en todos estos santuarios de la alta cocina exigen previa reservación, las cuales pueden tomar varias semanas. De nada sirve correr, hay que salir en punto.

 

*Sin olvidar el encanto de las mesas chicas


¡Quién hubiera creído! Las grandes ciudades y sobre todo la capital han retomado la antorcha y han creado su propia versión del menú del día, la moda de los productos del terroir lo exige.


De regreso a la moda después de siglos de eclipse, el menú del día reapareció en los años 60 como la expresión del turismo verde.

 

Esta moda campirana se extendió finalmente hasta el corazón de nuestras ciudades.

 

Una mesa rústica, festines en ocasiones gigantescos y una asegurada convivencia por un precio muy razonable (más o menos 20 euros) ¿Quién da algo mejor?

*ni aquellos que se entronizan en los monumentos de interés histórico.

 

Aquellos que sueñan con disfrutar su platillo favorito en el marco de un imponente castillo, una mansión, una casa histórica o aun de una tienda antigua donde los víveres podrán materializar ese sueño en varías ciudades de Francia (Dijon, Metz, Mulhouse, Nice, Lille ,  Avignon, Lyon, Saint Etienne, Toulouse, Rouen, Nantes, etc…)

 

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