Las playas de Martinica

Las playas de Martinica

Da un paseo, temprano por la mañana, en Les Salines, la playa de arenas blancas con forma de croissante,  llamada así por las marismas Salinas, cercanas a la punta sur de Martinica, y toma un profundo respiro: Las cálidas y azules aguas en suave murmullo, las palmeras cocoteras casi horizontales, inclinadas por las constantes ráfagas del viento y el zumbido de los colibríes y los flamboyanes rojos. 

Gira hacia el norte de la isla y admira el Diamant, una impresionante roca de 164 pies que oculta algunos de los mejores puntos de buceo de la zona. De manera repentina, la playa vuelve a la vida, llenándose de familias que extienden sus sábanas, rubias vendedoras de bikinis que modelan sus mercancías y cocineros criollos que llevan sus bandejas llenas de trozos de coco fresco. A lo largo del día, viajeros y lugareños se mezclan en una fiesta sobre la playa más larga de Martinica.


Una escena muy diferente te espera en la zona de Prêcheur, cerca de la punta de Martinica. Haz una parada en Anse Céron a la sombra del mítico Mount Pelée. Aquí, la selva es omnipresente, con sus helechos gigantes y sus vides. Incluso en la playa, la naturaleza sigue imponiendo sus reglas, desde la arena volcánica negra al verde iridiscente del agua. Practica el esnórquel en la parte superior de la playa, donde los coloridos peces tropicales juegan a las escondidas con las anémonas marinas y los erizos.


Si dejas que tu paladar decida dónde pasar el día, Le Carbet es para ti. Entre el Fort-de-France y Saint-Pierre se encuentra el lugar donde Cristóbal Colón desembarcó en 1502 (o al menos eso es lo que cuenta la leyenda). Reserva una mullida colchoneta en Le Petibonum y deja correr los buenos momentos. Deliciosos cocteles hechos en casa—la broma más famosa en Martinica es que todos los caminos van a Ron— abren el camino para la célebre cocina del chef Guy. Los cangrejos del lugar rociados en salsa de vainilla, silky giraumon (una especie de calabaza) flan o caracoles marinados a la parrilla. Con su cocina abierta que da hacia las aguas y sus shorts muy cortos, el chef Guy se ha convertido en toda una celebridad local.


Si anhelas un paisaje más dramático y fuertes oleajes, la Península Caravelle, con sus seis millas de largo, puede ser la opción perfecta.  La punta escarpada en el lado del Atlántico ahora está administrada como parque nacional y tiene muchas playas para escoger.  Anse Bonneville también es conocida como la Playa de los Surfistas; Anse L’Etang, quizá una de las más expuestas al viento. La que sea que escojas, recuerda: nunca toques el árbol tóxico Mancenillier, a menudo identificado por una marca roja de advertencia en el tronco.


Al final del día, los pájaros cantan más alto y los colores estallan sobre las playas.

¡Esto es Martinica!