"Francia me inspiró a ser fotógrafo de viajes"

Mi pasión por la fotografía nació viajando. Y Francia siempre estuvo ahí, conmigo.
A mis 32 años -casi 33- soy de los que experimentó cuatro generaciones de evolución fotográfica.
La de “rollito” análogo desechable, las primeras cámaras digitales con rollo “advantix”, los
smartphones con capacidad de varios megapixeles y finalmente las modernas DSLR con potencial
casi ilimitado.

La primera vez que fui a París tenía 16 años. Recuerdo haber ido a los lugares más emblemáticos-esos que viven en el imaginario colectivo- basados en películas Hollywoodenses: La Torre Eiffel, Louvre, El Moulin Rouge -por fuera porque era menor de edad jajaja; y recuerdo un viaje express a los fascinantes castillos del Loira, rey y plebeyo por un día. Pasaría año nuevo en un crucero en Niza, bien de amor y mal de mar.

En casa de mi madre aún guardo un álbum con esas fotografías reveladas, mal tomadas y chuecas. Sin embargo no me avergüenzan, al contrario, cada vez que las hojeo me sirven para valorar todo lo que he crecido tomando fotos, viajando.

En 2005, cuando tenía 19 años viví en Avignon -en el sur de Francia- por un semestre. Su viento“provenzal”, sus vinos, sus bares. Recuerdo esos 6 meses como uno de los más bonitos de mi vida. Esa navidad mi tío Manuel me visitaría en Avignon y juntos haríamos un road trip hacia el sur; primero Marsella y después toda la Costa Azul. Después viraríamos hacia el Norte a la capital. Un poco más interesado en el arte me la pasaba buscando “affiches” de Toulouse Lautrec, visité el museo de mi escultor favorito, Rodin, y un día nos escapamos a esa “isla” surreal que es Mont Saint-Michel.

En 2005, cuando tenía 19 años viví en Avignon -en el sur de Francia- por un semestre. Su viento“provenzal”, sus vinos, sus bares. Recuerdo esos 6 meses como uno de los más bonitos de mi vida. Esa navidad mi tío Manuel me visitaría en Avignon y juntos haríamos un road trip hacia el sur; primero Marsella y después toda la Costa Azul. Después viraríamos hacia el Norte a la capital. Un poco más interesado en el arte me la pasaba buscando “affiches” de Toulouse Lautrec, visité el museo de mi escultor favorito, Rodin, y un día nos escapamos a esa “isla” surreal que es Mont Saint-Michel.


Reaparecí un par de veces más en París durante mis veintes, aún sin imaginar que la vida me llevaría rumbo a fotografía de viajes. Confiaba tanto en mi memoria visual que tomar fotos era lo de menos -cuando ahora, irónicamente, es lo de más; y me alejé de Francia durante una década.

Este 2019 por fin, con el pretexto de correr el Maratón de París, pasé 4 breves pero inolvidables días en la ciudad. Esta vez quise documentar mi experiencia como instagrammer y como narrador de historias viajeras. Los museos contemporáneos, que combinan arquitectura y arte, se han vuelto prioridad durante todos mis viajes. Por esta razón, en primer lugar asistí al Centre Pompidou.

En segundo lugar, me di una vuelta por la Fondation Louis Vuitton; contundente a la vista con sus fantásticas velas de vidrio. Esta fundación promueve el arte y la cultura, y contiene colecciones de grandes artistas modernos y contemporáneos. Las terrazas superiores son excepcionales para fotos minimalistas -un estilo que me fascina- caminando entre sus blancos pasillos.

Finalmente, la Cancha Pigalle es una instalación de colores permanente en la calle Duperré. Es como un oasis de color en medio de los grandes edificios de la “Ciudad Luz”.

Tiene un rediseño geométrico, y muchos colores brillantes y degradados. El objetivo principal es atraer a gente joven de la zona para jugar baloncesto.

Después de la sobredosis de color, escalé hasta la cima del Sagrado Corazón -aún con el maratoniano dolor de piernas- para apreciar una vista aérea de París, y la ya tradicional foto en perspectiva, de las casas inclinadas de Montmartre.

Mi pasión por la fotografía se sigue forjando a través de los viajes. Y Francia, al parecer, seguirá acompañándome siempre en este largo camino