Lo que realmente importa es empaparse de la cultura. Sumergirse en los tesoros de Francia y aprender algo nuevo. Visitar museos increíbles, admirar joyas arquitectónicas, seguir los pasos de artistas y escritores. Asistir a una exposición o detenerse en el taller de un artesano. Disfrutar de los teatros, conciertos y festivales. Escuchar y hablar la lengua francesa. Recorrer los "pueblos más bonitos" y los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y quizás lo mejor de todo: disfrutar del contraste entre la rica historia de Francia y su sorprendente modernidad.

Cara a cara con un zorro en un bosque de Francia.