Cómo no fui a la playa en Guadalupe

¿Y si el mejor viaje estuviera en los desvíos? En Francia, a veces resulta mejor olvidarse del programa para saborear el placer de dejarse sorprender. Viajamos de manera improvisada a las Islas de Guadalupe para saborear muchas cosas menos la playa.

Salimos de viaje entre amigos en un arrebato. Pusimos rumbo a Basse-Terre, una Isla de Guadalupe. Nuestro único elemento en el programa: escapar de la lluvia y de la depre del domingo por la tarde.

Domingo: la llegada

Llegamos al albergue al final de la mañana. Nuestros anfitriones nos invitan a compartir su almuerzo. A eso no se puede decir que no y, para ser sinceros, estamos encantados de poder sentarnos a la mesa. Lo que habíamos previsto: el almuerzo se prolonga durante horas. Desde las especialidades de la abuela a los sorbetes y las frutas del huerto… Solo soñamos con poder ir a la playa a digerir la comida. Pero, ¿por dónde se va? Nunca lo sabremos: «¡Hay más cosas que playas en Guadalupe!» Cada uno va con su propio plan o recomendación. Y nosotros también tenemos nuestro propio programa.

Lunes: kayak

¡Hoy toca kayak! Nunca lo he probado, pero no debe ser tan difícil. Nuestros anfitriones en el albergue nos han recomendado la Reserva Cousteau. Entiendo al instante por qué. Para empezar, ya no estamos en una laguna, sino en mar abierto. Además, el kayak es transparente. Los fondos marinos desfilan bajo nuestras miradas. Nunca había visto tantos peces juntos; ¡me siento como un niño pequeño! Me olvido incluso de remar.

Martes: el paraíso

Ayer, en el camino de regreso, nos encontramos a Sam y Julie, que nos propusieron llevarnos al paraíso. Dicho así, ¿quién se puede resistir?… Esta mañana, hemos puesto rumbo a las Cataratas del Carbet. Unos tres cuartos de hora de caminata, pero la llegada… Ante nuestros asombrados ojos, un estanque natural con reflejos de arco iris, sin ningún tipo de construcción, de aguas cristalinas y una serenidad indescriptible. Y solo nosotros, nadie más en el mundo. Casi casi se puede decir que esto se parece al paraíso.

Miércoles: la Bretaña de las Antillas

Al despertar, se dejan sentir los efectos de nuestras hazañas deportivas. Hoy nos lo vamos a tomar con calma...
Además, es miércoles, el mejor día para ir al mercado de las especias. Frutas, flores, joyas, artesanía, ron: aquí, es posible encontrar de todo y probar de todo. Sobre todo ponche y mezclas de ron... Entre dos catas, un habitante de Guadalupe que residió en Lorient nos habla de Saintes y de su folklore antillano-bretón. ¡Eso tenemos que verlo! Un barco nos lleva hasta el lugar por la módica cantidad de 5 euros.

Jueves: los indígenas

Mañana regresamos a Francia. Vamos a dedicar nuestro último día a visitar el parque arqueológico de Roches Gravées, en Trois-Rivières. Casi una hectárea de misterio geométrico ahora convertido en Monumento histórico. Una dimensión totalmente desconocida de la cultura antillana sobre la cual meditar, no en la playa, lástima, sino durante el vuelo de regreso.

Diario de desvíos

Cómo llegar a Guadalupe