Nueva Caledonia: como pez en el agua en seis lecciones

Nueva Caledonia celebró en 2018 el X aniversario de la inscripción de sus lagunas en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: 24.000 km2 de abundante biodiversidad en los que evolucionan más de 20.000 especies en unas aguas que oscilan entre los 21 °C y los 28 °C. Con botella, en apnea o en un itinerario con aletas, el buceo se adapta a todos los gustos y a todos los niveles.
Paseo bajo el mar en la isla de Los Patos

A 10 minutos en barco-taxi de la ciudad, la reserva marina de la isla de Los Patos es el lugar ideal para familiarizarse con la vida de la laguna. Se ha preparado un sendero submarino con una profundidad entre 2 y 7 metros para sensibilizar a pequeños y mayores de la importancia de proteger la biodiversidad de las lagunas. Es accesible para todo el mundo: basta un equipo de aletas, gafas y tubo para recorrer los 400 metros del trazado en una media hora.

Buceo entre los restos de un naufragio en Numea

La Dieppoise fue el primer patrullero de madera de la Marina Francesa. Hundido voluntariamente en 1988, el barco se ha convertido en uno de los pecios más conocidos de Nueva Caledonia. Ha originado un fantástico arrecife artificial posado sobre la arena a 26 metros de profundidad, cerca del faro Amédée y a escasa distancia de Numea. En un descenso con botella veremos meros, caránguidos y muchos peces juveniles.

En busca del caballito de mar enano en Poindimié

Entre las playas de arena blanca adornadas con araucarias y el grandioso arrecife, el islote Tibarama es el más popular de los 50 emplazamientos de Poindimié, en la costa oriental de Grande Terre. Bien sea en un recorrido con aletas, un descenso con botella o una inmersión nocturna, se pueden admirar gorgonias gigantes y, a veces, ver a la esquiva anguila listón azul. En Bargibanti la estrella es el hipocampo pigmeo. Para descubrirlo es importante contar con una buena linterna submarina: ¡mide apenas 2,4 cm!

Meditar en la Catedral de Hienghène

Ricos en flora y fauna, los emplazamientos de Hienghène, en la costa, son famosos sobre todo por sus impresionantes relieves. A medio camino entre falla, túnel y caída, no cabe duda de que el más espectacular es la Catedral, con sus vertiginosas perspectivas y sus bosques de coral. ¡Un lugar reservado a los submarinistas (con botella) más experimentados!

Penetrar los misterios de la aguja de Prony

Se trata de una enorme chimenea submarina de quince metros de diámetro de la que emana agua caliente procedente de manantiales subterráneos. La aguja de Prony fue descubierta recientemente, en 1979, y produce un ecosistema original como consecuencia de la mezcla de aguas dulces y calientes procedentes de las entrañas de la tierra, con el agua salada propia del océano. Por si fuera poco, los buceadores a veces pueden observar ballenas jorobadas que acuden todos los años a reproducirse en esta bahía.

Avistar tortugas y tiburones en Lifou

La isla de Lifou es un paraíso del submarinismo y constituye un escaparate de la fauna y la flora submarinas. Empezando por “Gorgone Reef”, un enclave imprescindible al norte de la Bahía de Santal que se descubre en inmersión con botella. Tortugas, peces escorpión, tiburones de puntas plateadas y tiburones cebra aparecen con regularidad en las aguas de estos arcos de coral.

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