París para runners viajeros

Musée du Louvre-min
Hace muchos años, alguien me contó una anécdota que se me grabaría en la memoria por siempre. “Mi papá corrió una vez el Maratón de París para conocer toda la ciudad en un par de horas” En ese entonces sentí asombro, admiración, y también incredulidad. “Imposible, eso no se puede”.

Pero dentro de mí cabeza en secreto, con esas ganas de llevar siempre la contraria, se forjó una promesa, «Algún día lo haré yo también” Y así llegó el 2019 y con él, la oportunidad de cumplir lo prometido.
Omar Muñoz -uno de mis mejores amigos- y yo llegamos dos días antes del gran evento con la idea de aclimatarnos, conocer algunos de los lugares más hermosos de París corriendo, y recoger nuestros kits para el maratón en la Expo du Running, Porte de Versailles.

Algo de lo más emocionante para un viajero runner, es despertarse muy temprano, ponerse los tenis y salir a correr. Planear una ruta pero también estar abierto a improvisar. Explorar, en este caso significa perderse para encontrar.

Pero dentro de mí cabeza en secreto, con esas ganas de llevar siempre la contraria, se forjó una promesa, «Algún día lo haré yo también” Y así llegó el 2019 y con él, la oportunidad de cumplir lo prometido.
Omar Muñoz -uno de mis mejores amigos- y yo llegamos dos días antes del gran evento con la idea de aclimatarnos, conocer algunos de los lugares más hermosos de París corriendo, y recoger nuestros kits para el maratón en la Expo du Running, Porte de Versailles.

Algo de lo más emocionante para un viajero runner, es despertarse muy temprano, ponerse los tenis y salir a correr. Planear una ruta pero también estar abierto a improvisar. Explorar, en este caso significa perderse para encontrar.

En primer lugar a lo largo del Río Sena, a la altura del Musée du Louvre y el Jardin des Tuileries, se pueden cruzar varios puentes como el Pont des Arts y Pont Neuf y visitar el antiguo corazón de París -La Île de la Cité- donde está Notre Dame.

Un Arco del Triunfo solitario nos recibió con un gélido “bonjour” a las 7 de la mañana.
Mientras esperaba el disparo de salida, pude observar como muchos -anticipando la pronta partida- comenzaban a arrojar por los aires su ropa invernal, un strip-tease colectivo confiando en que se calentarían después de unos minutos.

Le di “on” a mi ecléctica playlist en Spotify y partí. Desde un principio decidí tomarme este Maratón como un tour panorámico de la Ciudad -así como lo había hecho el papá de mi amigo Emilio “ese alguien” de años atrás. 4 horas y 42.195 kilómetros durante los cuales pasé por algunos de lugares más importantes de la ciudad: Campos Elíseos, Place de la Concorde, Opéra Garnier, Place de la Bastille, Notre Dame, Grand Palais, la Fundación Louis Vuitton y dos bosques, de Vincennes al este y de Boulogne, al oeste.

La gente a los costados de la calle gritaba “Allez, Allez” y chocaba sus manos con las mías para recargarme de energía. Hubo una pancarta que me hizo reír muchísimo: “ ‘Pain' no es más que pan en francés”. Qué ganas me dieron de comerme un croissant -o dos.
Rebasé a un petit garçon de menos de 10 años y me rebasó un monsieur de casi un siglo. Cuando corres un maratón todo puede pasar, eres una marea de miles de personas de todo el mundo dirigiéndose hacia el mismo destino: su propio arco del triunfo.

Nunca sentí dolor extremo en las piernas -lo que se conoce como “la pared” y cuando faltaba menos de un kilómetro, sucedió una extraordinaria coincidencia: se puso en mis audífonos la canción de “Les Champs-Elysées” de Joe Dassin. Atravesé la meta -cantando- y como siempre me puse a llorar mientras me colgaban la medalla en el cuello. Fue sin duda el más hermoso de mis 7 maratones, por la belleza innegable de esta ciudad y por haberlo corrido al lado de uno de mis mejores amigos.

“¿Lo correrías de nuevo?” Me han preguntado algunas personas. “Por supuesto” Respondo. “La próxima vez con más amigos y si puedo hasta con mi mamá, que también es runner y nunca ha visitado París”.

À bientôt! (hasta pronto)