La manufactura de lana que hace hablar a los tejidos en Provenza

En Brun de Vian-Tiran se vibra con la fibra desde hace más de 200 años. Y ahora lo dan a conocer con un nuevo museo sensorial de las fibras nobles: la Filaventure. Un verdadero viaje inmersivo al corazón de la invención de la suavidad, en L'Isle-sur-la-Sorgue (Provenza).

La Filaventure es ante todo una epopeya: la de una familia de apasionados que desde hace ocho generaciones se transmiten el amor por la lana. La historia comienza en 1808 cuando Charles Tiran y su yerno Laurent Vian instalan a orillas del río Sorgue un molino destinado al bataneo de las sábanas y mantas. Dos siglos más tarde, el pequeño molino se ha convertido en una manufactura prestigiosa, la única que todavía trabaja la lana en Francia.

En la actualidad, esta empresa declarada Patrimonio Vivo revela sus secretos de fabricación con la creación de un museo sensorial de las fibras nobles: en 300 m², la Filaventure cuenta, con ayuda de una escenografía inventiva, el proceso de transformación de la lana, de la fibra al tejido y, más allá, la increíble metamorfosis de un oficio y de una pasión.

Para acompañar al visitante en su recorrido de una hora y media, unas divertidas criaturas, los filambules, danzan a 4,5 metros del suelo, vistiéndose con materias que se transforman en tejidos a medida que avanza la visita. Un símbolo de la dimensión onírica de este verdadero viaje al corazón de la fibra.

Sentir las materias, escuchar los sonidos de los talleres, accionar las máquinas, ver los testimonios de artesanos laneros que a menudo han estado vinculados a la manufactura Brun de Vian-Tiran a lo largo de varias generaciones...

Del “mercado de las lanas” imaginario donde se pueden tocar las muestras al espacio de exposición y sus colecciones de mantas de lana de oveja merina, este paseo sensorial invita a adentrarse en el universo de la fabricación de la suavidad.

En busca de la oveja merina de Luis XVI

Al mismo tiempo, se desarrolla una historia donde se entrelazan tradición e innovación. Porque ninguna generación ha dejado de buscar la perfección en su oficio: Louis Brun que mandó realizar la primera manta en muaré en 1961, Pierre Brun, el actual director general, que tras siete años de investigaciones consiguió encontrar la célebre oveja merina imaginada por Luis XVI, convertida en marca registrada bajo el nombre de “mérinos d’Arles antique®”, o su hijo Jean-Louis que recorrió las estepas de Mongolia para seleccionar una fibra increíblemente fina, procedente de los bebés camellos de Bactriana...

Como contrapunto a la lana de sus orígenes, denominación reservada al vellón de la oveja, estos buscadores de tejidos han constituido poco a poco una verdadera colección de fibras nobles: alpaca de Perú, cachemira de Irán, de Mongolia o de China, llama de Bolivia o el rarísimo yanghir de Siberia.

Un proceso complejo

Y al igual que los enólogos con las uvas, transforman estas materias en “cosechas” de origen o en productos de ensamblaje tras un proceso complejo en 15 etapas donde siempre interviene la mano del hombre. Para elaborar una manta, a menudo hay que utilizar entre seis y ocho lanas de origen diferente: América del Sur por la solidez, Australia por la suavidad y Francia por el calor y su carácter mullido.

Cita en L'Isle-sur-la-Sorgue, en Provenza